Te despiertas, ves el reloj, las 11:24, te sientes culpable, te quedas 5 minutos ahí tendido en la misma posición que recibiste al día, luego llegas a la conclusión que la culpa te está retrasando aun más, entonces no sirve de nada, cero. Reaccionas, te levantas, buscas con tus manos bajo la cama los lentes, estas se topan con un libro, una botella de agua benedictino y tus lentes. Los agarras con la misma determinación que días anteriores, procurando no topar los vidrios - sería una lata limpiarlos denuevo- piensas.
Enciendes tu nuevo juguete, el toca disco que tanto esperaste, y que por fin te pertenece. Era de un tío que no conociste, estaba guardado en la casa de tu abuelo que tampoco conociste, y te lo dio tu otro tío que ahora vive ahí. Pones el álbum blanco de los beatles, el único vinilo que tienes, te lo compraste en Argentina en una de las tantas tiendas de antigüedades que había en Santelmo. Al instante de comprarlo esperabas justamente este momento. Tu hermano considera estúpidos tus gustos, estos gustos. Por ejemplo el toca disco, el vinilo. Habiendo tanto aparato nuevo, optar por un toca disco le parece una estupidez. Supongo que es mas onda que nada todo esto del toca disco, no es que tenga un sonido espectacular. Pero verlo ahí girando, generando sonido, nosé, te parece atractivo. Buscas tu ropa, tomas tu toalla y te duchas con el agua relativamente helada, el calor es insoportable, sobretodo en esta fecha, sin embargo, por un lado te agrada. Vacaciones, nada que hacer. Lo que de repente también se vuelve latero. Estas vestido, listo para hacer nada. Entras por enésima vez a tu pieza, el álbum blanco grita, exige que le den la vuelta. Esto de la no-tecnología aun no lo tienes interiorizado. Comienza el disco con Martha my dear la haz escuchado mil veces, pero todavía te gusta.
Buscas tu libro que sigue bajo la cama, te vuelves a encontrar con la botella de agua ahora tibia, caliente, casi hirviendo. Lees 2 o 3 hojas de lo que leíste ayer, para engancharte nuevamente en la historia. Imposible, no tienes ganas de leer. Tienes ganas de salir, virarte, escapar, como la canción de kudai, sólo que hacerlo de verdad, porque seguramente esos tipos jamás lo han deseado ni tampoco lo han hecho. Tu menos.
